01 octubre, 2010

Caos calmo

Así podría resumir como ha pasado esta primera semana, entre el caos de la mudanza y la calma de los últimos días de verano.

Tras instalarme en mi nuevo piso, vuelta al ritual de siempre: meter la ropa en los armarios, decorar la habitación con fotos, organizar las tareas del hogar… A partir de ahora, este sitio ya es mi casa, y está listo para llenarse de recuerdos compartidos con mis compañeras de piso y el gatuno, el hombre de la casa.

Los días pasan entre fiestas Erasmus en las que conozco a todo tipo de gente, de todas partes (incluida Islandia). Se come pizza, se bebe cerveza, se baila sobre la mesa en esta pequeña ciudad. Caras nuevas que poco a poco voy reconociendo, y la curiosa sensación de estar creando una piccola familia.

Hay pocas horas en las que dormir, hay muchas cosas que hacer.

Fuera de la ciudad está Cesena, con el festival de Woodstock, donde se escuchan discursos anti-Berlusconi acompañados por reggae y rock. Mamasita, capoeira, el espíritu olvidado de los 60, los jóvenes idealistas de hoy…




Y más allá está el mar, infinito y luminoso bajo el sol otoñal. Los últimos turistas se fueron hace tiempo, y ronda ya esa especie de melancolía que invade las playas en invierno.





Pero la vida sigue, ajena al paso de las estaciones, en el antiguo barrio pesquero. Cientos de casas de colores, en las que las mammas charlan tranquilamente y los papas leen el periódico.




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