08 octubre, 2010

Non è ancora domani

Aprovechando el último fin de semana completo (a partir de ahora tendré clase el sábado por la mañana), el sábado pasado decidimos plantarnos en otro país, a tan sólo 2 horas de aquí. No, no es suiza. No, tampoco Francia. Ni Eslovenia. El destino era una pequeña república, de las más antiguas del mundo: San Marino.

A pesar de ser tan pequeña, se ve que todo el mundo ha oído hablar de ella, así que sus calles estaban abarrotadas, repletas de pancartas en polaco, alemán y ruso (entre otros) de los menús. El sitio, no obstante, mantiene su encanto, encaramado a lo alto de una montaña, con sus murallas de piedra y sus torres de vigilancia.





La vista desde lo alto era magnífica (aún estando un poco cubierto el cielo). Por la tarde cayó una densa bruma dando a la ciudad un aire misterioso, como si estuviera colgada en medio de un vacío infinito, en un tiempo indefinido.



A la vuelta pasamos otra vez por Rimini y no pudimos resistir las ganas de tomar una vez más el sol en la playa. Tras estos 6 meses de vacaciones, lo lógico hubiera sido que esta semana volviesen a empezar las clases. Pero todo esto era sin contar con la tremenda desorganización que reina por aquí también. Resulta que, por culpa de una huelga, el comienzo de las clases se retrasó 4 días.

Pero eso no lo sabía nadie, claro. Y cómo no, te lo avisan cuando ya has ido a clase el lunes por la mañana para nada, muchas gracias. Por lo menos asistimos a una reunión para estudiantes de primer año donde no aprendimos nada útil, pero nos dieron una bolsita de tela y un boli de la uni.

1 comentario:

  1. El fantasma de la huelga te persigue... ai mare!!!
    Por cierto, otro país a la lista del face!! ;)!!!!

    Te debo un mailot!

    Muaaaaà chérie!!

    ResponderEliminar